Un triángulo no puede encajar en el espacio de un círculo, por mucho que lo intentemos; por más que empujemos, ahí no va a entrar. Como mucho conseguiremos romper sus vértices, y el resultado será el mismo, o incluso peor.
Un triángulo mutilado intentado acoplarse grotescamente en un espacio circular.
Lo mejor en estos casos, es saber parar a tiempo, y retirar al pobre triángulo antes de romperlo totalmente. Los triángulos no pueden ocupar el lugar de los círculos; lo único que pueden hacer es observar desde una esquina como los círculos van ocupando su sitio. Porque siempre hay círculos disponibles y dipuestos. Y, aceptémoslo, ése no es lugar para triángulos.
Y ahora, desde la solitaria esquina observo como han aparecido unas grietas en mis vértices. Y es momento de decir basta, y aunque sea joven para ello, creo que sería mejor para todos que tirase la toalla de una vez. Después de todo, los demás ya me la han tirado a la cara; ahora me toca a mí tirarla a suelo.
Podría hablar sobre lo injusto que es el mundo, de lo mucho que sufro, de lo invisible que me siento. Pero nos ahorraré a todos esa humillación que ya raya el insignificante patetismo.
En realidad no es para tanto. Si fuese importante no me sentiría tan fuera de cualquier lista de prioridades; a alquien le habría importado el hecho de que haya tenido que doparme químicamente para mantenerme en pie y poder hacer un examen; habría podido compartir lo que necesitaba compartir tan desesperadamente hoy; si lo fuese, alguien habría visto en mi mirada que "algo" no iba bien.
Pero no lo es. Afortunadamente para todos.
Sólo soy un triángulo con los vértices agrietados. Y círculos los hay a patadas.
Palabras
Hace 8 años