miércoles, 24 de marzo de 2010

Elecciones

Es falso que no podamos elegir lo que sentimos; lo que no elegimos son las circunstancias de nuestra vida, no controlamos todo lo que nos ocurre, eso es algo imposible. Pero podemos elegir cómo reaccionar ante esas situaciones. De hecho, no se trata de "poder", sino de "hacer".

Porque queramos o no, elegimos. Siempre. Elegimos estar alegres o tristones; elegimos ser víctimas de la fatalidad o aprender de los errores y hacernos más fuertes; elegimos ser felices o sufridores; elegimos querer a alguien o hacerle daño; elegimos olvidar y perdonar o anclarse en un pasado ya muerto.

Siempre elegimos, aún cuando parece que no hay elección; elegimos no elegir.

domingo, 21 de marzo de 2010

21 de marzo

Me preguntaron por qué son tan importantes las fechas para mí. Y yo respondo que eso dependerá de qué fechas estemos hablando. Todos tenemos nuestras fechas, grabadas a fuego en el alma. Y cada una deja una marca, a veces apenas perceptible, otras indeleble en el tiempo.

Hoy es una de mis fechas.

Tres años sin su presencia. Sin sus consejos. Sin su calor. Sin su risa. Sin su mirada orgullosa. Sin su afable sonrisa. Sin sus anécdotas que siempre parecían diferentes aunque las repitiera. Sin la mejor persona que he conocido en el mundo.





Pero ya no duele recordarlo; he conseguido tornarlo en nostálgicos recuerdos, en dulce tristeza. Ahora sólo me falta hacer algo que él habría hecho, o habrá hecho. Perdonar.
Perdonarme.

sábado, 20 de marzo de 2010

Ajenjo

Quién me iba a decir, amigo mío, que tus palabras cobrarían tanto sentido alguna vez? Unas palabras de las que me reí a carcajadas públicamente, por su descabellada irrealidad, por parecer tan irracionales, tan improbables, tan equivocadas; pero, en el fondo, en algún lugar donde nadie nunca llega, por falta de expedición de permisos especiales, lo sabía. Sabía que eran ciertas, y esa certeza no confesada, me hacía temblar en los momentos en los que me encontraba a solas, y podía bajar la guardia.
Sí, conocía la verdad, en lo más profundo de mi alma, sabía que habías acertado, sin ninguna malicia en tu intención, acertaste de pleno.

Cuánta razón tenías, mi querido amigo, cuando me llamaste Artemisa. Fuerte, salvaje, indomable, independiente, libre; y sola, por propia elección, pero sola.

Antes la soledad era ciertamente mi opción. No sólo la buscaba y deseaba, también la disfrutaba. Y la elegía. Relaciones superficiales, sin entrar demasiado nunca, y así ahorrarme la invitación para que entraran. Era más fácil, más cómodo.
Pero frío. Frío como Artemisa, cuyo único calor lo recibía de sus compañeros animales y las ninfas que la seguían. No era necesario más, todo era equilibrado, en perfecta armonía.
Pero tuve que conocer el calor...
No un calor físico, sino algo que va más allá, que se adentra en las profundidades del alma y te envuelve en un cálido abrazo. Y la pasión, no por una persona, sino por la vida, surge borboteante por todos los poros de tu ser.

Sí, amigo mío, tenía todas las apuestas en mi contra, incluso la mía propia, pero eso es lo que pasó. Y le pedí, le rogué, le imploré a Zeus que revocara esa petición de ser libre para toda la eternidad; mas su respuesta es dura a la par que implacable. Sin negociación, sin regateos.

Y ahora, mi astuto amigo, tus palabras martillean mi cabeza sin cesar. Me dijiste que estaba destinada a grandes cosas; que la soledad sería mi sacrificio y mi recompensa.
Supongo que lo sabías, siempre lo supiste, y me quisiste advertir. Con cada arañazo, cada magulladura en el corazón, no erán más que advertencias, de lo que podría venir, y por fin llegó. Tenías razón: Artemisa TIENE que estar sola.
Si cometió el error de pedírselo a Zeus, ahora debe aceptarlo y conformarse.



Pero no quiero. No quiero conformarme. No quiero rendirme totalmente. No quiero dejar de arriesgar aún a riesgo de no ganar. Porque ahora, cada 11 de cada mes, sentiré un pinchazo, leve pero profundo, al recordar su ausencia, al pensar en un corazón roto cuyos pedacitos no me dejan recoger para intentar pegarlos de nuevo, al echar de menos el olor a tabaco de liar.

No quiero olvidar.
No quiero no sentir.
No quiero dejar de ser humana.
No quiero que el ajenjo germine.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Me olvidé

A veces se me olvida cuál es mi lugar; pero ya está el mundo para recordármelo cuando pasa.
Y es que, aunque habíamos hecho un trato, otra vez, el mismo de siempre, por la misma razón de siempre, ese trato, el de dejarnos en paz mutuamente por no soportarnos el uno al otro, otra vez se vuelve a romper.
Pero en esta ocasión, y contra todo pronóstico, ha sido por mi culpa; esta vez el mundo sólo ha reaccionado legitimamente porque he roto la promesa que hice.

Me olvidé, sí. Me olvidé de que en la obra de teatro que es mi vida, a mí me ha tocado un papel secundario. Tan secundario que ni siquiera a mí me interesa. Me olvidé de que es un acto de soberbia por mi parte pretender ser algo más que una mera observadora, narradora de la acción, testigo silenciosa.


Pero no voy a volver hacer tratos con ese intransigente; no cuando no es capaz de pasarme una después de haberle tenido que aguantar tantas. No me merece más la pena.
Me paso a los monólogos.

martes, 16 de marzo de 2010

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Hoy he aprendido tres sencillos ejercicios para prevenir los dolores de cabeza ocasionados por el estrés y las preocupaciones:

  • Pasar de todo
  • Quererse mucho
  • Alejar los problemas

No en ese orden necesariamente; pero sin olvidar que lo más importante es la constancia.


Así que...a cuidarse los trapecios



sábado, 13 de marzo de 2010

Comienzos

Los comienzos suelen ser difíciles. Si seguimos el principio de inercia, cuesta mucho trabajo iniciar un movimiento desde un estado de reposo; al igual que nos cuesta trabajo detenerlo una vez en marcha. Todavía no sé qué es más difícil, si arrancar o frenar. Posiblemente en mi caso los frenos tengan un defecto de fábrica.

Siempre he pensado que la gente que escribe sus ideas, opiniones, y sobre todo sentimientos, en un blog, a modo de diario público digital, debían de tener cierto grado de exhibicionismo.
Pero puedo entender que a veces sea necesario compartir nuestra parte de intimidad que no compartimos con la cotidianidad que nos rodea; ya sea por vergüenza, ya sea por no cansar a la gente más cercana con tonterías, o simplemente por sacar toda la porquería que llevamos dentro para aliviar, si acaso levemente, la carga que nos imponemos nosotros mismos o la que impone la vida que nos ha tocado vivir.
A veces es necesario, incluso imperativo, gritar al viento nuestro dolor, y que lo oiga quien quiera aunque no lo haga nadie

Muchas veces me han dicho que soy una montaña rusa, medio en broma medio en serio, con mis altibajos vitales, que no son tan propios de una persona "normal". Pero últimamente estos altibajos, o más bien "bajibajos", son lo peor que he experimentado nunca, y mira que he tenido malos momentos, como todo el mundo, y mis bajones, como todo el mundo, y es posible que haya tenido problemas objetivamente peores, como todo el mundo.
Y sin embargo, a veces, cuando me miro al espejo, no me reconozco. Porque nunca había sido así; no tanto, al menos. Y nunca había hecho tanto daño a las personas que supuestamente quiero, aunque yo sí había experimentado el dolor que pueden causar los demás y las circunstancias que constituyen nuestra existencia; pero en el pasado nunca había dolido tanto como lo hace ahora.
Quizás yo me lo he buscado, quizás sea el efecto acumulativo de demasiadas cosas, quizás me lo merezca, quizás haya llegado a un límite en cuya existencia siempre me negué a creer...
Se me ocurren infinidad de "quizás", pero ninguno me satisface, sólo son excusas.


No pretendo que esto sea un grito al viento para que se lleve el dolor lejos; me conformo con que sea un susurro. Lo oirá menos gente, es posible que nadie. Pero al menos estará fuera, y quizás, se vaya lejos.