viernes, 18 de junio de 2010

Hasta pronto

Las últimas semanas han sido silenciosas, mucho, pero era necesario. Me reclamaban los exámenes; y también otras cosas, más personales e intensas. Todo un cúmulo de sentimientos y emociones mezclados con la presión y responsabilidad que debo empezar a asumir de una vez.
Una etapa de mi vida ha terminado. Es posiblemente, o quizás seguramente, la más importante de mi vida. Una etapa que ha despertado pasiones intensas y contradictorias, que me ha hecho experimentar todo el abanico de emociones humanas existentes.
Sí, después de todo, parece que no soy un bloque de hielo, a pesar de mis esfuerzos. Quizás intentar serlo pueda no parecer la decisión más idónea, sobre todo teniendo en cuenta el trabajo al que me voy a dedicar, si todo va bien, dentro de un año. Pero a veces el silencio y las murallas emocionales que levantamos para protegernos, o al menos mitigar levemente el dolor, dejan de ser deseables o necesarias, para convertirse en imperativos categóricos.

Dicen que los años universitarios son los mejores años de la vida; eso lo dicen los estudiantes universitarios, claro está. En realidad lo que se queda grabado para toda la vida, los últimos recuerdos que la senilidad nos arrebata, son los sucesos que ocurren durante la tercera década de la vida. Todavía estoy en la mitad de esa década, pero ya siento esa verdad: han sido los 6 mejores años de mi vida.
La gente que se ha cruzado en mi vida durante esta etapa, la gente que permanece, lo hará durante el resto de mi vida.


Y por fin, después de 6 años buscando una vocación que creía inexistente, la encontré escondida debajo de un montón de dudas e inseguridades. Donde siempre ha estado. Y donde tiene que estar. Porque, tal y como comprendí hace unos días, ser médico no es una profesión, es un estilo de vida. Nunca dejas de estar de servicio, nunca te jubilas, nunca olvidas quien eres.
Eso es lo que decidí. Acepté 6 años de ilusión a cambio de una vida de responsabilidad. Aunque pueda parecer un trato injusto, es el mejor que he hecho en la vida.
Porque mi vida, el resto de mi vida, empieza ahora.

Los cambios a veces asustan, incluso pueden llegar a aterrar; pero ya no. Por primera vez en mucho tiempo me siento libre de cargas, aunque esas cargas siguen ahí. Sin embargo, me siento ligera. Creo que el cambio ha sido, como todos los buenos cambios, dentro de mí.
Ya era hora de dejar de jugar a ser Peter Pan.


Y ahora, toca despedirse. No es un adiós definitivo sino temporal. Un 'hasta luego' o 'hasta pronto'. Sólo serán 7 meses, y no voy a estar sola, muchos amigos me acompañarán en esta aventura norteña, conocidos y por conocer. Y Asturias es mi segunda patria; después de dos años, vuelvo a casa. Me vendrá bien para cicatrizar las heridas que comienzan a cerrarse poco a poco.
Si las vacas rubias y la sidra no pueden hacerlo, nada más en el mundo podrá...

viernes, 21 de mayo de 2010

Triángulos

Un triángulo no puede encajar en el espacio de un círculo, por mucho que lo intentemos; por más que empujemos, ahí no va a entrar. Como mucho conseguiremos romper sus vértices, y el resultado será el mismo, o incluso peor.
Un triángulo mutilado intentado acoplarse grotescamente en un espacio circular.

Lo mejor en estos casos, es saber parar a tiempo, y retirar al pobre triángulo antes de romperlo totalmente. Los triángulos no pueden ocupar el lugar de los círculos; lo único que pueden hacer es observar desde una esquina como los círculos van ocupando su sitio. Porque siempre hay círculos disponibles y dipuestos. Y, aceptémoslo, ése no es lugar para triángulos.

Y ahora, desde la solitaria esquina observo como han aparecido unas grietas en mis vértices. Y es momento de decir basta, y aunque sea joven para ello, creo que sería mejor para todos que tirase la toalla de una vez. Después de todo, los demás ya me la han tirado a la cara; ahora me toca a mí tirarla a suelo.
Podría hablar sobre lo injusto que es el mundo, de lo mucho que sufro, de lo invisible que me siento. Pero nos ahorraré a todos esa humillación que ya raya el insignificante patetismo.
En realidad no es para tanto. Si fuese importante no me sentiría tan fuera de cualquier lista de prioridades; a alquien le habría importado el hecho de que haya tenido que doparme químicamente para mantenerme en pie y poder hacer un examen; habría podido compartir lo que necesitaba compartir tan desesperadamente hoy; si lo fuese, alguien habría visto en mi mirada que "algo" no iba bien.
Pero no lo es. Afortunadamente para todos.


Sólo soy un triángulo con los vértices agrietados. Y círculos los hay a patadas.

viernes, 7 de mayo de 2010

And what makes you think that letting go is so easy?

Dicen que cinco minutos pueden ser suficientes para soñar toda una vida.
Me pregunto cuantas vidas necesitaré yo para olvidar 3 meses...

Abrumadora idea.





Yo también echo de menos mi ración de vicio.
Olor a tabaco de liar.

lunes, 26 de abril de 2010

Insensibilidad

Parece que después de todo, no soy una prioridad. Se supone que eso debería hacerme sentir mal. Pero cada vez siento más anestesiada mi alma. ¿Si pudiéramos elegir entre seguir sitiendo dolor, o no sentir nada en absoluto, qué elegiríamos?
A veces me da miedo pensar que yo ya he elegido. Pero cada vez menos, porque ése también es un sentimiento, y se va diluyendo al igual que todos los demás.

Hace tiempo decidí que no quería ser feliz, para no tener que seguir intentándolo; ahora creo que ni siquiera me conformo con hacer felices a los demás. Pero tengo que seguir haciendo el esfuerzo. Después de todo, es lo que mejor se me da en esta vida.
Ser hipócrita.

lunes, 19 de abril de 2010

Vida absurda? no, gracias

-¿Por qué existe la vida?
-Por el puro placer de vivir.




El que la vida carezca de sentido, no quiere decir que sea absurda.
La gente se empeña en perderse buscando grandes ideales y nobles objetivos hacia los que dirigir su vida; o simplemente se deja llevar por el puro y simple hedonismo.
Casi nadie repara en que la respuesta siempre es, y siempre será, incorrecta; por la sencilla razón de que la pregunta siempre fue errónea.

Casi nadie es capaz de frenar un segundo en esta frenética carrera en la que hemos convertido la existencia. Pocos son los que se fijan en los detalles.
Es una lástima. Porque en esos detalles se encuentra la respuesta. Una respuesta que no contesta a ninguna pregunta.

Pero pocas personas llegan a comprender eso.




sábado, 17 de abril de 2010

...

Duras lecciones nos obliga la vida a aprender.
Me pregunto si la inocencia se va escapando, poco a poco, hasta que llega un día en el que desaparece por completo. No quiero que llegue ese momento nunca. No dejaré que me la arrebaten.

Y sin embargo, ahora, la única palabra que inunda mis pensamientos, es ésta.
Hipocresía

jueves, 1 de abril de 2010

Piratillas del Mediterráneo

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

_José de Espronceda






Y a quién no le gustaría ser un pirata, para navegar en libertad? Esa libertad soñada, que nos mantiene en pie durante nuestro cautiverio, con la esperanza de que llegue el día en que podamos vivir libres; y sentir con libertad.
Antes tenía miedo. Miedo por haber pasado tanto tiempo atada a unas cadenas de las que creí no poder escapar. Miedo de padecer el 'Síndrome del esclavo'. Aquel esclavo que cuando por fin obtiene la ansiada liberación, no sabe vivir en libertad.
Pero creo que empiezo a comprender lo que significa realmente esa palabra, que tan a la ligera se usa. "Libertad".

No se es libre por carecer de ataduras. Porque, a veces, entregarse voluntariamente a algo, o alguien, querer encadenarse, agarrarse, para no soltarse jamás, significa , paradójicamente, ser libre.

Y yo quiero compartir mi libertad.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Elecciones

Es falso que no podamos elegir lo que sentimos; lo que no elegimos son las circunstancias de nuestra vida, no controlamos todo lo que nos ocurre, eso es algo imposible. Pero podemos elegir cómo reaccionar ante esas situaciones. De hecho, no se trata de "poder", sino de "hacer".

Porque queramos o no, elegimos. Siempre. Elegimos estar alegres o tristones; elegimos ser víctimas de la fatalidad o aprender de los errores y hacernos más fuertes; elegimos ser felices o sufridores; elegimos querer a alguien o hacerle daño; elegimos olvidar y perdonar o anclarse en un pasado ya muerto.

Siempre elegimos, aún cuando parece que no hay elección; elegimos no elegir.

domingo, 21 de marzo de 2010

21 de marzo

Me preguntaron por qué son tan importantes las fechas para mí. Y yo respondo que eso dependerá de qué fechas estemos hablando. Todos tenemos nuestras fechas, grabadas a fuego en el alma. Y cada una deja una marca, a veces apenas perceptible, otras indeleble en el tiempo.

Hoy es una de mis fechas.

Tres años sin su presencia. Sin sus consejos. Sin su calor. Sin su risa. Sin su mirada orgullosa. Sin su afable sonrisa. Sin sus anécdotas que siempre parecían diferentes aunque las repitiera. Sin la mejor persona que he conocido en el mundo.





Pero ya no duele recordarlo; he conseguido tornarlo en nostálgicos recuerdos, en dulce tristeza. Ahora sólo me falta hacer algo que él habría hecho, o habrá hecho. Perdonar.
Perdonarme.

sábado, 20 de marzo de 2010

Ajenjo

Quién me iba a decir, amigo mío, que tus palabras cobrarían tanto sentido alguna vez? Unas palabras de las que me reí a carcajadas públicamente, por su descabellada irrealidad, por parecer tan irracionales, tan improbables, tan equivocadas; pero, en el fondo, en algún lugar donde nadie nunca llega, por falta de expedición de permisos especiales, lo sabía. Sabía que eran ciertas, y esa certeza no confesada, me hacía temblar en los momentos en los que me encontraba a solas, y podía bajar la guardia.
Sí, conocía la verdad, en lo más profundo de mi alma, sabía que habías acertado, sin ninguna malicia en tu intención, acertaste de pleno.

Cuánta razón tenías, mi querido amigo, cuando me llamaste Artemisa. Fuerte, salvaje, indomable, independiente, libre; y sola, por propia elección, pero sola.

Antes la soledad era ciertamente mi opción. No sólo la buscaba y deseaba, también la disfrutaba. Y la elegía. Relaciones superficiales, sin entrar demasiado nunca, y así ahorrarme la invitación para que entraran. Era más fácil, más cómodo.
Pero frío. Frío como Artemisa, cuyo único calor lo recibía de sus compañeros animales y las ninfas que la seguían. No era necesario más, todo era equilibrado, en perfecta armonía.
Pero tuve que conocer el calor...
No un calor físico, sino algo que va más allá, que se adentra en las profundidades del alma y te envuelve en un cálido abrazo. Y la pasión, no por una persona, sino por la vida, surge borboteante por todos los poros de tu ser.

Sí, amigo mío, tenía todas las apuestas en mi contra, incluso la mía propia, pero eso es lo que pasó. Y le pedí, le rogué, le imploré a Zeus que revocara esa petición de ser libre para toda la eternidad; mas su respuesta es dura a la par que implacable. Sin negociación, sin regateos.

Y ahora, mi astuto amigo, tus palabras martillean mi cabeza sin cesar. Me dijiste que estaba destinada a grandes cosas; que la soledad sería mi sacrificio y mi recompensa.
Supongo que lo sabías, siempre lo supiste, y me quisiste advertir. Con cada arañazo, cada magulladura en el corazón, no erán más que advertencias, de lo que podría venir, y por fin llegó. Tenías razón: Artemisa TIENE que estar sola.
Si cometió el error de pedírselo a Zeus, ahora debe aceptarlo y conformarse.



Pero no quiero. No quiero conformarme. No quiero rendirme totalmente. No quiero dejar de arriesgar aún a riesgo de no ganar. Porque ahora, cada 11 de cada mes, sentiré un pinchazo, leve pero profundo, al recordar su ausencia, al pensar en un corazón roto cuyos pedacitos no me dejan recoger para intentar pegarlos de nuevo, al echar de menos el olor a tabaco de liar.

No quiero olvidar.
No quiero no sentir.
No quiero dejar de ser humana.
No quiero que el ajenjo germine.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Me olvidé

A veces se me olvida cuál es mi lugar; pero ya está el mundo para recordármelo cuando pasa.
Y es que, aunque habíamos hecho un trato, otra vez, el mismo de siempre, por la misma razón de siempre, ese trato, el de dejarnos en paz mutuamente por no soportarnos el uno al otro, otra vez se vuelve a romper.
Pero en esta ocasión, y contra todo pronóstico, ha sido por mi culpa; esta vez el mundo sólo ha reaccionado legitimamente porque he roto la promesa que hice.

Me olvidé, sí. Me olvidé de que en la obra de teatro que es mi vida, a mí me ha tocado un papel secundario. Tan secundario que ni siquiera a mí me interesa. Me olvidé de que es un acto de soberbia por mi parte pretender ser algo más que una mera observadora, narradora de la acción, testigo silenciosa.


Pero no voy a volver hacer tratos con ese intransigente; no cuando no es capaz de pasarme una después de haberle tenido que aguantar tantas. No me merece más la pena.
Me paso a los monólogos.

martes, 16 de marzo de 2010

.

Hoy he aprendido tres sencillos ejercicios para prevenir los dolores de cabeza ocasionados por el estrés y las preocupaciones:

  • Pasar de todo
  • Quererse mucho
  • Alejar los problemas

No en ese orden necesariamente; pero sin olvidar que lo más importante es la constancia.


Así que...a cuidarse los trapecios



sábado, 13 de marzo de 2010

Comienzos

Los comienzos suelen ser difíciles. Si seguimos el principio de inercia, cuesta mucho trabajo iniciar un movimiento desde un estado de reposo; al igual que nos cuesta trabajo detenerlo una vez en marcha. Todavía no sé qué es más difícil, si arrancar o frenar. Posiblemente en mi caso los frenos tengan un defecto de fábrica.

Siempre he pensado que la gente que escribe sus ideas, opiniones, y sobre todo sentimientos, en un blog, a modo de diario público digital, debían de tener cierto grado de exhibicionismo.
Pero puedo entender que a veces sea necesario compartir nuestra parte de intimidad que no compartimos con la cotidianidad que nos rodea; ya sea por vergüenza, ya sea por no cansar a la gente más cercana con tonterías, o simplemente por sacar toda la porquería que llevamos dentro para aliviar, si acaso levemente, la carga que nos imponemos nosotros mismos o la que impone la vida que nos ha tocado vivir.
A veces es necesario, incluso imperativo, gritar al viento nuestro dolor, y que lo oiga quien quiera aunque no lo haga nadie

Muchas veces me han dicho que soy una montaña rusa, medio en broma medio en serio, con mis altibajos vitales, que no son tan propios de una persona "normal". Pero últimamente estos altibajos, o más bien "bajibajos", son lo peor que he experimentado nunca, y mira que he tenido malos momentos, como todo el mundo, y mis bajones, como todo el mundo, y es posible que haya tenido problemas objetivamente peores, como todo el mundo.
Y sin embargo, a veces, cuando me miro al espejo, no me reconozco. Porque nunca había sido así; no tanto, al menos. Y nunca había hecho tanto daño a las personas que supuestamente quiero, aunque yo sí había experimentado el dolor que pueden causar los demás y las circunstancias que constituyen nuestra existencia; pero en el pasado nunca había dolido tanto como lo hace ahora.
Quizás yo me lo he buscado, quizás sea el efecto acumulativo de demasiadas cosas, quizás me lo merezca, quizás haya llegado a un límite en cuya existencia siempre me negué a creer...
Se me ocurren infinidad de "quizás", pero ninguno me satisface, sólo son excusas.


No pretendo que esto sea un grito al viento para que se lleve el dolor lejos; me conformo con que sea un susurro. Lo oirá menos gente, es posible que nadie. Pero al menos estará fuera, y quizás, se vaya lejos.